El Mandala
Derivado del sánscrito, el término «mandala» se traduce a grandes rasgos como «círculo». Sin embargo, no alude únicamente a una simple figura geométrica redonda, sino que simboliza la unidad, la eternidad, la totalidad y la perfección. El símbolo del mandala es un importante símbolo ritual y espiritual de los hindúes y budistas que denota el Universo y el concepto de la vida incesante. Posee una estructura concéntrica y, en su forma básica, se representa como un cuadrado con cuatro puertas que encierra un círculo.
El mandala puede considerarse un diagrama cósmico que ilustra la estructura organizativa integrada de la vida, hoy aceptada por casi todas las culturas y religiones del mundo. Enfatiza nuestra relación con el mundo que existe tanto dentro como más allá de nuestra mente y nuestro cuerpo. Describe tanto las realidades materiales como las inmateriales y aparece en todos los aspectos de la vida, incluidos los círculos celestes como el sol, la luna y la tierra; y los círculos conceptuales de la familia, los amigos y la comunidad.
Existen diferentes formas de mandalas, grupales o individuales, todos con conceptos, significados y propósitos singulares que van desde la meditación hasta la medicina. Como símbolo del orden cósmico y psíquico, el mandala de meditación actúa como una herramienta que facilita nuestro viaje espiritual y nos conduce hacia la iluminación. Simboliza un recinto sagrado donde residen las deidades y las fuerzas universales. Un observador que contempla el mandala entra mentalmente en él, avanza hacia su centro y queda guiado simbólicamente hacia la esencia de la vida y la realidad a través del vasto cosmos.
De este modo, el mandala actúa como un elemento hipnótico: su diseño visualmente cautivador absorbe la mente del observador, acalla todos los pensamientos y produce un despertar espiritual o filosófico, conduciendo hacia una conciencia superior.
