El símbolo de la Teosofía
La teosofía se refiere al conocimiento antiguo y esotérico que busca responder a las preguntas más trascendentales de la vida. A veces llamada «sabiduría intemporal», ofrece una comprensión de los misterios del origen de este universo y del propósito de toda la creación en el mundo. Ayuda a comprender los conceptos de humanidad y divinidad y facilita el entendimiento de los lazos que interconectan todo en el universo y unen a la humanidad con lo divino.
El término «teosofía» se deriva de las palabras griegas Theos y Sophia, que se traducen literalmente como «sabiduría de Dios». Así, la teosofía significa el conocimiento y la comprensión de los asuntos divinos. Los teósofos dedican sus energías a examinar y analizar el universo, la naturaleza, la divinidad y la humanidad, así como sus efectos recíprocos entre sí. Al hacerlo, se esfuerzan por descubrir las verdades divinas y experimentar la autorrealización.
El uso del término «teosofía» como sinónimo de teología (el estudio racional de los conceptos relacionados con Dios) se ha observado ya en el siglo III. La teosofía moderna comenzó en el siglo XVI en Alemania. El interés por ella cobró mayor fuerza y se extendió ampliamente a lo largo de los siglos. A finales del siglo XIX surgió la aparición de sociedades iniciáticas teosóficas, como la Sociedad Teosófica fundada en 1875 por Helena Blavatsky y otros colaboradores, y la Sociedad Esotérica fundada por Helena Blavatsky.
La popularidad de las ideas de Blavatsky dio lugar a varias organizaciones que pasaron a considerarse nuevos movimientos religiosos. Sin embargo, se considera que la teosofía presenta únicamente la sabiduría perenne que subyace a todas las filosofías, religiones y ciencias del mundo. Su premisa básica es que todo se origina en la misma fuente eterna; toda la humanidad es una sola familia espiritual y una forma de vida compasiva, libre de antagonismos religiosos o de otro tipo, puede garantizar un futuro glorioso para la humanidad.
